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Consorcio
De tú a tú

La herramienta que Consorcio pone a disposición del consumidor le permite mostrar el viaje de cada producto del mar a la mesa

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12 de junio 2017

- Primera conservera en España transparente con la trazabilidad -

Identificar el origen y el proceso de producción y distribución del producto. Ese es el objetivo de la herramienta de trazabilidad que estrena Grupo Consorcio en su página web (www.grupoconsorcio.com). Así, el consumidor de atún y de bonito, en cualquiera de sus formatos, puede conocer las distintas etapas desde que la materia prima es capturada en el mar hasta que llega a la mesa.

El grupo se posiciona de esta manera como la primera conservera española que posee una herramienta de este tipo, disponible tanto en castellano como en inglés, con la que persigue fomentar la transparencia de su actividad y que se sitúa dentro de un ambicioso proyecto de Responsabilidad Social Corporativa que permite a la compañía cumplir, de forma voluntaria, con elevados estándares sociales y ambientales.

La historia del atún y del bonito: Del mar a la mesa

En ese “Viaje al origen” que propone Consorcio, el consumidor, con tan solo introducir el código de la lata o el tarro adquirido, descubrirá la historia de su producto de principio a fin: de qué especie se trata, dónde y cómo ha sido pescada, etc. De esta forma, Consorcio pretende solventar el problema de que en los etiquetados las empresas no suele incluir este tipo de datos, por lo que no es posible evaluar la sostenibilidad de un producto.

El trabajo de los pescadores, que comienza antes de que amanezca, es la primera parada del viaje. En ella, el cliente apreciará que Consorcio lleva a cabo una selección de las mejores piezas desde el océano Ártico hasta el Pacífico, especialmente en el mar Cantábrico. Desde que la empresa nació en la villa cántabra de Santoña en 1950, sus profesionales trabajan con la mejor materia prima: anchoas, bonito del norte, atún y calamares. El grupo intenta que la pesca, con un método diferente para cada especie, sea responsable, con la finalidad de asegurar la conservación y la gestión efectiva de los recursos acuáticos vivos. Así, tratan de respetar las tallas y la época del año según su captura, siguiendo una política de aprovisionamiento sostenible del pescado.

En el laboratorio del control de calidad encuentra el consumidor/viajero la siguiente parada. Allí se inspecciona el producto, revisando las condiciones de frescura y comprobando que las piezas están libres de contaminación y que no contengan daños.

En tercer lugar, llega la información sobre el envasado, que continúa la tradición respecto a la limpieza y al empacado manual, y añade los avances tecnológicos que aportan valor a muchas fases del proceso.

Una vez dispuesto en su envase, el producto es enviado cuidadosamente, para asegurar la máxima calidad, al punto de venta.